Posteado por: unoentremilcristalfm | julio 4, 2009

The Verde

En algún momento del año, el especial de la semana de Uno Entre Mil se ocupará de las denominadas “one hit wonders”; es decir, aquellas bandas que de un día para el otro se hicieron muy conocidas por una canción en particular y de la misma forma desaparecieron sin dejar más rastro que ese tema. Si bien la banda de la que nos ocuparemos hoy no es una de ellas, sí puede decirse que tienen una carrera con altibajos similares.

La historia de The Verve es imposible de contar sin mencionarlos como los responsables de “Bitter sweet symphony”, una de las canciones más conocidas de los noventa, así como de “Urban hymns”, uno de los mejores discos de esa década. Antes y después de haberse hecho masivos en 1997, la historia de este cuarteto inglés estuvo plagada de idas y vueltas, incluyendo un par de rupturas además de aquella que los mantuvo alejados desde principios de los 2000 hasta el año pasado.

Todo comenzó en 1990 y desde entonces los protagonistas han sido siempre los mismos: cuatro muchachos enredados entre sus diferencias y su necesidad de tocar juntos. Aunque las cabezas visibles de las peleas siempre fueron el cantante Richard Ashcroft y el guitarrista Nick McCabe, no puede decirse que el bajista Simon Jones o el baterista Peter Salisbury hayan hecho el típico papel de actores de reparto que les cabe a quienes se encargan de la sección rítmica en un grupo.

Más allá de los culebrones, The Verve tiene ciertos pergaminos que iremos develando a lo largo de la semana, ya que en sus comienzos fueron alabados por la crítica como uno de los proyectos de rock alternativo más interesantes en Inglaterra, aunque su sonido los alejaba todavía del gran público y su afición por el perfil más tradicional que cultivaban las grandes bandas líderes en la ola del britpop.

El cuarteto liderado por Ashcroft creció por los caminos menos transitados, elogiado por los medios especializados e instalándose como uno de los principales grupos a seguir por las radios ajenas al mainstream, tanto en el Reino Unido como en Norteamérica. Dos discos y muchas riñas más tarde, un esfuerzo casi solista del cantante derivó en el exitoso álbum “Urban hymns”, y el nombre de The Verve se disparó por todos los rincones del planeta.

Claro que junto con su música también se multiplicó la atención que recibían los miembros de la banda, quienes ya estaban más que acostumbrados al uso de drogas psicodélicas y los episodios recurrentes en los que uno u otro terminaban protagonizando un incidente, ya sea durante una gira por Estados Unidos o en medio de una sesión de grabación.

La suma de conflictos se terminó a finales de los noventa, en el momento de mayor éxito de la banda y principalmente de Richard Ashcroft como compositor. El cantante seguiría su carrera solista aunque en franco descenso, mientras que sus ex compañeros tendrían algo más de suerte cultivando el perfil bajo a la hora de embarcarse en proyectos de corta duración.

Luego de casi una década, la reunión de The Verve se consumó el año pasado para entregar su cuarta placa, “Forth”, dándose así una nueva oportunidad para retomar el camino iniciado en la universidad hace casi 20 años.

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